UNA TOMBOY EN JAPÓN: HIROSHIMA

Por: Yuri Tapia Ando – 7/agosto/2020

El día de ayer se conmemoró el 75 aniversario de la caída de la primer bomba atómica de toda la humanidad, Little Boy, la cual detonó a 600 metros de altura sobre la ciudad japonesa Hiroshima a las 8:15 de la mañana.

Genbaku Domu

En la crónica de hoy quiero contarles sobre mi estadía en esta ciudad y conmemorar a todas aquellas personas que sufrieron las consecuencias de este terrible acto.

Como saben, desde pequeña Japón siempre me atrajo y me enamoró cada parte de su cultura, así mismo, cuando fui escuchando sobre los ataques nucleares me llamó mucho la atención e investigué sobre el tema. Hablar de esto me estremece mucho y me genera una empatía enorme hacia el dolor, tristeza, desesperación, angustia, terror y todo lo que los japoneses pudieron sentir esos días. Se me hace un nudo en la garganta al leer las historias o ver los videos, sin embargo sé que es un tema que no debe olvidarse nunca para que no se vuelva a repetir. Nadie merece pasar por el dolor que pasaron esas personas. Por eso dedico esta crónica a todos ellos y todas las personas del mundo entero que han sufrido las consecuencias de la guerra.

Tomé el tren hacia Hiroshima, un amigo japonés me esperaría en la terminal y por fin podría conocer una de las ciudades japonesas que tanto deseaba visitar. La terminal es muy grande y no sabía cómo explicarle a mi amigo cuál era exactamente mi ubicación, pero finalmente, pudimos encontrarnos. Fue la primera vez que me subí a un auto particular y me causó mucha curiosidad darme cuenta que era exactamente el mismo modelo de auto que mi amigo manejaba aquí en México, con la diferencia de que el volante se encontraba, como algunos saben, en el lado contrario. Mi primera visita obligatoria fue sin duda, el Parque de la Paz y el Genbaku Domu, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad y de la bomba, ya que resistió el terror de ésta y el cual está declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Es una tristeza sorprendente el estar parado donde miles de personas murieron, te cambia la vida y la forma de pensar, la forma de ver el mundo. En el Parque de la Paz está una flama que se mantiene encendida siempre y no se apagará hasta que el mundo pueda ser testigo de la erradicación de las armas nucleares. Es una explanada enorme y en ella se encuentra ubicada también la estatua de un personaje muy famoso en Japón y la cual tenía muchas ganas de conocer ya que meses atrás había leído un cuento sobre ella, el cual se llama “Sadako y las Mil Grullas de Papel”, el cual, por cierto, les recomiendo bastante. Como les decía, ahí encontré el monumento en honor a Sadako Sasaki, una niña de 12 años que perdió la vida a causa de una leucemia, consecuencia de la lluvia negra, provocada por la bomba cuando ella apenas era una bebé. En el monumento ella se encuentra en la parte superior, y debajo de ella se encuentra una campana en forma de grulla de papel (oritsuru).

Ahí mismo también se encuentran como unos pequeños locales por así llamarles, donde tienen miles de grullas de papel formando carteles o dibujos haciendo un llamado a la Paz, estos son llevados por miles de turistas de todo el mundo. Cabe mencionar que mi última noche en Hiroshima fui con mi amigo a dejar unos pocos origamis que alcancé a hacer con un papel que había comprado esos días.

Grullas de papel como símbolo de la Paz

El Genbaku Domu es impresionante. Simplemente no puedes dejar de verlo y admirar su estructura, imaginando cuánta radiación no habría quedado en aquél lugar. A las orillas se encuentra el río, el cual en aquella tragedia sirvió como “salvación” para las personas quemadas, quienes se aventaban a él creyendo que aliviarían su dolor, sin saber que no saldrían jamás de ahí.

Genbaku Domu

Otra visita obligada y que moría por conocer, aún sabiendo que podía causar muchos sentimientos en mí, era el Museo Memorial de la Paz, ya que tiempo atrás había visto en un video cómo era por dentro. Entramos y ver una de las imágenes principales fue impactante. Había una fachada de un muro, todo era obscuro y se veía caminando la gente herida, caminando como zombies, lamentándose (porque tenía audio), era aterrador. Y quiero comentarles que actualmente, o por lo menos hasta el año 2019 que fue cuando regresé, ya no se encontraba de la misma forma, ya que algunos consideraban que eran imágenes muy fuertes para que la gente viera, sin embargo, había también quienes opinaban lo contrario, que a pesar de ser imágenes crudas, era lo más cercano que se tenía a lo que había ocurrido ese día, lo mas real posible, y que debía mantenerse para que quienes visitaran el museo entendieran y sintieran un poco de lo que ellos vivieron para que así jamás se vuelva a repetir. A mi parecer, opino como los últimos, y sería bueno que volvieran a poner esa exhibición.

Museo Memorial de la Paz

Dentro del museo se encuentra el mapa de la ciudad con la bomba a punto de caer, y una proyección del antes y después. También se encuentran objetos que fueron encontrados y los cuales quedaron fundidos por el calor que se alcanzó, algunos de los más famosos son el reloj que quedó detenido en la hora exacta de la explosión y un triciclo. Así mismo, hay una exhibición de ropa que llevaban algunas de las víctimas, como uniformes escolares. En estos, todos y cada uno de los objetos llevaban descripción de quién los había usado y/o cómo los habían encontrado. Se pueden apreciar también algunas fotos del lugar y de las víctimas, también, hay videos documentales y testimonios de los sobrevivientes. Además, está una réplica de la bomba Little Boy y mapas de la ciudad.

Hay una exhibición de pinturas que fueron pintadas por sobrevivientes, y un pequeño apartado a Sadako Sasaki, junto con algunas de las grullas de papel que realizó. Al final del museo, había televisiones donde podías pasarte escuchando los testimonios y una pequeña mesa para que firmaras por la paz y tomaras también un sello del museo.

Grullas de papel hechas por Sadako Sasaki, fueron distribuidas en su funeral. Estas grullas representan lo mucho que Sadako quería vivir.

En 2019 todo esto estaba cambiado y lo sentí un poco más pequeño.

Debo confesar que estando dentro del museo sentí muchas ganas de llorar, solo que no lo hice por pena a que me viera mi amigo, aunque creo que ese día no debí aguantarme ese sentimiento.

Ese día, comimos en un restaurante cerca del lugar y nos dieron unas hojas de papel para que hiciéramos nuestras grullas. Fue toda una experiencia ese día.

“Este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria, que haya paz en el mundo”

Plegaria que se encuentra en el monumento a Sadako Sasaki.
Yo con mi grulla de papel
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