¿CÓMO CAMBIA LA VIDA DESPUÉS DE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO?

Por: Mara Castelán – 29/agosto/2020

¿Trillado? Sí, y mucho tal vez. Pero se convierte en algo tan pero tan real y cierto cuando te pasa. “Mientras no sean tus muertos, seguirás sin creer”.

Seguimos nuestras vidas y rutinas en ocasiones, como solíamos hacerlo sin dimensionar la problemática mundial porque no nos ha pasado y porque nos sentimos bien.

Desafortunadamente, esta situación COVID, ya había hecho de las suyas con dos tíos muy queridos; situación que se veía tan lejana en mi núcleo más cercano. Sientes la pérdida, por supuesto y más, por cómo se dan las cosas, aislados, en una cama de hospital, sin poder despedirlos como marcan las costumbres y tradiciones, que nadie pueda asistir y mucho menos recibir un abrazo.

El golpe fue cuando de la nada, recibo una llamada telefónica de mi papá informándome que mi muela principal (mi tía), iba rumbo al hospital por que se sintió mal. ¿Diagnóstico? ¡Por supuesto! COVID, saturación 40.

Impotencia, enojo, tristeza, corazón roto, perdida, son adjetivos que se quedan cortos para como en realidad me sentí aquel día por la noche. La razón es muy sencilla, yo me encuentro en CDMX, mi familia en otro estado. Como mencioné, mi muela principal, de las mujeres que más me ha amado, que siempre tuvo sus brazos abiertos para mí, que siempre me esperaba, me cuidó desde niña, me ayudaba a hacer tareas, me educó, me enseñó el sentido de la responsabilidad, del amor y servicio a los demás. No poder correr a acompañarla al hospital, trasladarla, verla, escucharla, estar, simplemente estar, pudo romperme el corazón en mil pedazos. 

Los días transcurrieron lentos, alargando la espera de lo inevitable por los reportes médicos, pero sin perder la fe en que todo podría ir mejor. Yo seguía estando a 4 horas de ella. Ir era a hacer lo que hacía en CDMX, esperar llamadas y reportes diarios y lo peor, exponerme yo y al resto de la familia.

Cinco días después, recibo una llamada, me decían que mi muela había hablado por teléfono para dar instrucciones de sus pertenencias, llamada nada alejada de una despedida. Inmediatamente yo pedí el favor de hacerle llegar un audio en donde le decía lo mucho que la amaba. A escasas dos horas, me informan que ella pidió hablar conmigo, en ese momento, fui la más feliz porque de lograr esa llamada, la volvería a escuchar. Proporcionan mi número de celular y desde ese momento no perdí de vista mi móvil. Llamada entrante y número desconocido, era para mí, me la comunican, mi corazón latiendo al mil. 

¡Pude hablar con ella! Escuchó que la amo y que la estaba esperando con los brazos abiertos para cuidarla con todo mi amor. 

¿Qué le entendí? 

Lo más maravilloso: ¡Te quiero, cuídate mucho!

Al finalizar la llamada, mi corazón sintió un gran alivio, no puedo decir que el enojo, frustración, impotencia, desaparecieron, pero si puedo asegurar que me sentí muy tranquila por haber escuchado una última vez su voz y un te quiero de su boca, que me haya escuchado decirle lo mucho que la amaba.

Tres horas más tarde, me informan que había pedido por fin ser entubada. Dos días más tarde, de las llamadas más tristes, una voz diciendo “Acaba de fallecer”. Una cubeta de agua fría, bajar de la medusa, caerte, no son nada comparado con lo que sentí en ese momento. Lamentablemente, me tocó informar a mi familia de lo sucedido. 

Aún no puedo dimensionar que ya no la volveré a ver, que no me cuidará más en este plano, que ya no tengo a quién ir a visitar a esa casa, su casa, que ya no veré más esos brazos abiertos completamente para mí y ponerse feliz de verme. Entiendo que la vida es un ciclo, pero cuando ese ciclo es de una muela principal, se complica ese razonamiento y no queda nada más que seguir con el tuyo y guardarla en cada pedazo de tu corazón.

Creo completamente que el miedo y el sentirte vulnerable ante esta enfermedad, ocasiona que estés más expuesta o expuesto. Pero lo real es que no debemos tomarlo a la ligera y tomar más medidas para seguir cuidándonos y cuidar a nuestras muelas.

Que de esta pandemia, realmente podamos aprender a disfrutar cada segundo de nuestras vidas, estar bien con nuestros seres amados, decirles lo mucho que los amamos, porque en verdad no sabemos si esa será la última vez que los veamos y tengamos.

Curiosamente, mes y medio atrás, estuve con ella. Después de comer se quería ir a su casa, le dije no te vayas, quédate, no sabemos si es la última vez que nos veamos, hablando de mí, le dije: “qué tal que el camión choca y me muero cuando me vaya”. Me miró y se volvió a sentar. Se quedó 6 horas más. De haber sabido, la hubiera llenado de besos y abrazos. 

Nadie tenemos nada seguro excepto la muerte. No desperdiciemos el tiempo ni los momentos. Aprendamos a vivirlos, a vivir la vida. Tomemos verdadera conciencia de la situación y nuestros afectos más importantes.

Por siempre mi muela de mi corazón.

¿A ti te ha pasado?

O dime, ¿qué tanto influyen las redes sociales en tu vida?

A %d blogueros les gusta esto: